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Las etapas del duelo no tienen un orden ni tiempo de duración específicos. No todas son experimentadas por los dolientes. Algunos pueden vivir algunas de ellas más de una vez durante su proceso de duelo. Cada duelo es único y muy personal. Todas estas etapas son normales; y deben afrontarse y superarse cada vez que se presenten para evitar vivir un duelo complicado.

Impacto y Negación

Al saber que un ser amado está próximo a morir o que ya murió, una gran revolución interna altera las sensaciones físicas, emocionales y de pensamiento, y se acompaña de una sensación de irrealidad: ¿no puede ser verdad?. Estas respuestas suceden en todo tipo de pérdida, y se acentúan especialmente en las pérdidas inesperadas.

Enojo y Culpa

El no haber podido evitar la muerte del ser amado puede provocar impotencia, y esta se puede manifestar en enojo o ira y culpa mostrándose irritable, intolerante. La muerte es percibida como injusta o como un castigo. El deudo busca culpables (terceras personas, el mismo difunto, Dios) y también se culpa por la muerte de su ser amado, o por aquello que cree pudo haber hecho mejor o diferente en la relación que tenían. Trabajar las culpas con objetividad contribuirá a quedarse sólo las que podrán convertirse en oportunidades de mejora, ayudándonos a seleccionar las verdaderas prioridades en la vida, mejorar conductas, etc.

Aislamiento y tristeza

Esta etapa es tan difícil como importante. Aquí se ha reconocido que no hay manera de cambiar esta dura realidad, lo que produce una gran agitación emocional y rechazo. Tanto dolor puede agobiar y el deudo podría necesitar expresar a solas sus emociones y miedos. Recuerde que las fuentes de apoyo son importantes (familia, fe, amigos, instituciones); comparta su dolor. La sensación de vacío, de soledad, provocan una gran tristeza que puede asemejarse a una depresión sin serlo. Superar esta etapa es posible dando el gran paso a la siguiente.

Aceptación

"Sé que mi ser amado murió, que no va a regresar y me duele. Lo seguiré amando y extrañando, pero también seguiré con mi vida y lo haré bien". Aceptar no es olvidar ni dejar de amar a quien murió, es seguir amándolo desde una nueva realidad. Aceptación no es resignación, es reconocer que la muerte es real. No sólo se acepta su muerte sino todo lo que ello significa. Cambiar el " ¿por qué murió?" a preguntas como "¿para qué murió?", "¿para qué vivió?", contribuyen a valorar la vida del ser amado fallecido, así como su legado para usted y para el mundo. Toda vida es valiosa, así haya estado en este mundo horas, días, años, en el vientre de su madre o fuera de él.

Readaptación y Recuperación

A partir de la aceptación, el deudo podrá continuar con su vida, readaptándose a una nueva realidad. La muerte deja como consecuencia la ausencia física, que es difícil de manejar, pero la muerte no acaba con el amor; éste permanece y sigue creciendo. Amarse a sí mismo y elaborar un buen plan de vida será la extensión del amor a su ser amado fallecido. Un abrazo podrá ser ahora una oración, un beso podrá ser ahora un acto de amor a sí mismo y a otros.