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Todo duelo es importante. Los duelos tienen diferentes matices de acuerdo a varios factores. En esta sección revisaremos los duelos según el factor del vínculo, es decir de la relación.
 

Cuando un ser amado muere, no sólo perdemos su presencia física, sino también los sueños, proyectos, ideales y todo aquello que nace fruto de una relación. Esto explica el sentimiento de vacío. Es necesario reacomodar el estilo de vida que teníamos para adaptarlo ahora a una nueva realidad sin esa persona.
 

Relaciones y personalidades saludables producen duelos saludables. Una relación disfuncional puede presentar violencia en sus variadas gamas, pero también dependencia emocional. Si en la relación con su fallecido quedaron asuntos por resolver, aún pueden subsanarse y superarse; los especialistas en el tema podrán ayudarlo. Lo que haya resultado de ese vínculo es todo valioso y será de gran utilidad en la reconstrucción de su vida y en la significación que le dé a la vida de su ser amado.
 

Duelo por un hijo

Los padres, hasta su último aliento, protegen a sus hijos desde antes de su llegada, amándolos incondicionalmente. Por ello, la pérdida de un hijo, cualquiera fuera su edad o las circunstancias de su fallecimiento, trae consigo fuertes sentimientos de fracaso y culpa por no haber podido evitar su muerte, que incluso parece ilógica. Genera una crisis vital en los padres y afecta también su relación como pareja; aquí cabe resaltar que el amor de la pareja es una importante herramienta para ayudarse mutuamente a vivir su duelo, respetando sus individualidades. Los especialistas concuerdan que este duelo es uno de los más difíciles de superar; sin embargo, la experiencia de padres y madres que han logrado salir adelante celebrando las vidas de sus hijos y encontrando nuevas maneras de amarlos, ofrecen una luz de esperanza.

Duelo por los padres

Los padres con sus enseñanzas y ejemplo de vida dejan una huella muy profunda e importante en sus hijos. Los hijos aprenden de sus padres cómo vivir y se sostienen en ellos para sentirse seguros en la vida. Al morir los padres, los hijos sienten haber perdido a sus guías, soporte y principal fuente de amor. Esta gran ausencia será importante en todo hijo y especialmente en los que aún son niños y adolescentes. A este punto debemos agregar que no sólo nos referimos a los padres biológicos, sino a aquellas personas que hayan cumplido el rol de padres.

Duelo por la pareja

Al perder una pareja se pierde al compañero de vida. Este duelo puede notarse más agudamente en aquellas parejas que han vivido toda su vida juntos, por lo que enviudar en la ancianidad es difícil de afrontar. El soporte de la familia, amigos, instituciones, así como un buen control médico serán indispensables.

Duelo por los hermanos

En la relación entre hermanos, el amor-odio es muy común, pues éstos se sortean el amor de sus padres y la convivencia es desafiante. Cuando un hermano fallece aquellas rencillas propias de esta relación pueden sobredimensionarse y el sentimiento de culpa instalarse. Asimismo, esa complicidad y amistad maravillosa se pierde. Además, sus padres estarán tan acongojados que sentirán que no tienen el suficiente soporte emocional, tomando a veces el papel de cuidadores de sus padres. Algunos hijos suelen adoptar conductas de sus hermanos para aliviar la nostalgia que los padres expresan. Los padres, a pesar de su dolor, deberán asumir la responsabilidad de velar también por el duelo de sus hijos, y la mejor manera de hacerlo será preocupándose por vivir un duelo saludable que les sirva de ejemplo.

Hay muchos duelos más, todos importantes, incluso el duelo por una mascota. Nadie puede ser reemplazado. Pretender tener un nuevo hijo, una nueva pareja, o cualquier relación con el ánimo de reemplazar a su ser amado fallecido sería un gran error. Lo más recomendable es encaminarse en la superación de su duelo y si un nuevo hijo o una nueva pareja llegan a su vida será capaz de valorarla en su individualidad, sin compararla con quien perdió.

 

Dios es amor y verdad. Él nos prometió la Vida Eterna y nuestra fe y esperanza nos ayudan a continuar con una vida agradable al Señor para, al ser llamados por Nuestro Padre, nos reencontremos con nuestros seres amados.